Tatuajes y Publicidad IX: Vender la piel tatuada

Pieles del Museo de Tokio

Pieles del Museo de Tok

Si os parece radical vender un espacio en nuestra piel para que nos la tatúen con marcas publicitarias, nombres o líneas rectas, entonces os quedaréis boquiabiertos cuando os cuente que hay gente que, directamente, ha vendido su piel tatuada.

A lo largo de la historia ha habido muchas personas que han vendido su piel tatuada ya fuera por necesidad o porque querían que su tatuaje pasara a la posteridad.

Muchos japoneses vendieron en su día sus tatuajes completos de Horimono a instituciones especializadas que, cuando morían, desprendían la piel del cadáver y lo conservaban en aceites especiales para evitar que se deterioraran y luego lo vendían a coleccionistas particulares y museos.

Museo del Doctor Fukushi

Pieles tatuadas en perfecto estado

Pieles tatuadas en perfecto estado

La colección más importante era la del Museo del Doctor Fukushi, inaugurado en 1926 por un reputado patólogo que empezó interesándose por los tatuajes ya que descubrió que la tinta en la piel le ayudaba a detectar ciertas enfermedades.

Se obsesionó con el tema y acabó buscando un método para conservar pieles humanas y consiguió elaborar una fórmula para conservar en perfecto estado las pieles de personas a las que se la había comprado en vida.

Catalogó a lo largo de su vida más de 2.000 dibujos, junto con información detallada sobre los “dueños” de los tatuajes y su piel, y realizó más de 3.000 fotos. Su hijo Katsunari Fukushi siguió con esa afición, cosa curiosa considerando que ninguno de los dos se tatuó jamás.

Da un poco de grima, la verdad

Da un poco de grima, la verdad

Por desgracia, la mayor parte de la documentación fue destruida en 1945 durante el bombardeo de Tokio en la Segunda Guerra Mundial, que dejó a los edificios de la universidad en ruinas. Sin embargo, las muestras de piel fueron almacenados en otros lugares y ahora se conservan poco más de un centenar en la Universidad de Patología de la Universidad de Tokio.

Otro día os hablaré con detenimiento de las colecciones de pieles tatuadas que hay por ahí: la verdad es que da hasta miedo.


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