Carlos Alcaraz celebra Australia con un tatuaje de canguro en la pierna izquierda

  • Carlos Alcaraz se ha tatuado un canguro en la parte baja de su pierna izquierda para celebrar su título en el Abierto de Australia.
  • El diseño, discreto y casi siempre oculto por el calcetín, se une a otros tatuajes que representan sus victorias en los cuatro Grand Slams.
  • El trabajo lo ha realizado nuevamente el tatuador murciano Joaquín Ganga, de gran prestigio internacional.
  • Alcaraz deja la puerta abierta a futuros tatuajes, especialmente si conquista su primera Copa Davis con España.

Tatuaje de canguro en la pierna izquierda de Carlos Alcaraz

Carlos Alcaraz ha vuelto a utilizar su piel como diario personal para recordar sus grandes noches en el circuito. El número uno del mundo ha cumplido la promesa que hizo en Australia y ya luce un tatuaje de un canguro en la parte baja de su pierna izquierda, un guiño directo al Grand Slam oceánico que conquistó en la Rod Laver Arena.

Este nuevo diseño, discreto y casi siempre oculto bajo el calcetín, se suma a una colección de tatuajes que repasa, uno por uno, los hitos más importantes de su carrera. Lejos de ser un simple capricho estético, cada dibujo encierra un recuerdo preciso, una fecha y un escenario que han marcado la trayectoria del murciano.

Un canguro para inmortalizar el Open de Australia

La idea del tatuaje no surgió de la nada: Alcaraz la había anunciado públicamente nada más ganar en Melbourne. En pleno subidón tras derrotar a Novak Djokovic en la final del Abierto de Australia, el tenista adelantó que se grabaría un canguro en el cuerpo si levantaba el trofeo, una promesa dirigida tanto a los aficionados australianos como a sí mismo.

El triunfo en la Rod Laver Arena llegó el 1 de febrero, en un partido de alto voltaje frente al serbio, al que acabó superando tras reaccionar con autoridad (2-3, 6-2, 6-3 y 7-5 en el marcador global). Aquella victoria le permitió completar el llamado Career Grand Slam, convirtiéndose en el jugador más joven en lograr, al menos una vez, cada uno de los cuatro grandes.

Ya en frío, el murciano dejó claro que el tatuaje era cuestión de tiempo. “Me haré un canguro seguro por el día de hoy”, llegó a comentar, dudando únicamente sobre si lo colocaría en la pierna derecha o en la izquierda. La decisión final se inclinó por la parte delantera e inferior de la pierna izquierda, muy cerca del tobillo.

La ubicación no es casual: apenas se aprecia durante los partidos porque queda tapado por el calcetín, algo que encaja con la filosofía del propio jugador. “Me gustan discretos”, ha reconocido en más de una ocasión, dejando claro que prefiere símbolos íntimos antes que diseños que dominen la escena cada vez que salta a la pista.

Un tatuaje hecho en California tras Indian Wells

El momento elegido para pasar por la aguja fue la gira estadounidense. Alcaraz aprovechó su presencia en California, durante la disputa del Masters 1.000 de Indian Wells, para cumplir la promesa. Después de completar su participación en el torneo, donde alcanzó las semifinales, se dejó caer por el estudio de su tatuador de confianza.

La historia se conoció gracias a las redes sociales: el propio jugador compartió una imagen en Instagram en la que se le veía recostado en una camilla mientras le estaban tatuando el canguro en la pierna. En la foto aparecía el mismo profesional que le ha acompañado en todos sus diseños anteriores, una figura ya muy ligada al relato deportivo de Alcaraz.

Esa publicación permitió comprobar que el dibujo, aunque pequeño y sencillo, está claramente inspirado en uno de los símbolos más reconocibles de Australia. El canguro se ha convertido así en el sello del éxito logrado en Melbourne, igual que otros iconos representan sus victorias en diferentes torneos.

Además, el hecho de que el tatuaje se estrenara oficialmente en su siguiente cita del calendario añade otro detalle curioso: el canguro debutará en competición durante su siguiente partido oficial, integrándose en la rutina diaria del tenista casi sin que el público pueda verlo desde la grada.

Ganga, el tatuador murciano detrás de la tinta de Alcaraz

Como en los anteriores trabajos, Carlos Alcaraz se ha puesto en manos de Joaquín Ganga, conocido en el mundo del tatuaje simplemente como Ganga. Se trata de un reputado artista murciano, originario también de El Palmar, que se ha labrado un nombre propio con estudios tanto en su localidad natal como en Los Ángeles.

Ganga no solo mantiene una relación profesional con el tenista, sino también personal: son paisanos, amigos y confidentes en este ritual de convertir títulos en tinta. El tatuador ha encontrado hueco para el número uno del mundo en medio de una agenda que suele estar repleta, dado que por su estudio han pasado estrellas internacionales como LeBron James, Drake, Post Malone o Nicky Jam.

En la imagen compartida por el jugador se aprecia cómo el tatuador trabaja en la parte delantera de la pierna izquierda, mientras Alcaraz se muestra relajado sobre la camilla. Para el murciano, repetir con Ganga no es solo una cuestión de confianza artística, sino de continuidad en un relato visual que ha ido construyendo desde sus primeros grandes éxitos.

Esta colaboración constante ha convertido el cuerpo del tenista en una especie de galería de recuerdos diseñada siempre por el mismo autor, lo que le da coherencia estética y narrativa a todos sus tatuajes.

El mapa de sus Grand Slams en la piel

Su historia con los tatuajes ligados a los grandes empezó con el US Open. Tras levantar su primer título en el major estadounidense, se grabó la fecha de aquella final, el 11-09-2022, en la parte posterior del brazo izquierdo. Con el tiempo, ese mismo brazo sumó otro guiño a Nueva York: la Estatua de la Libertad y el puente de Brooklyn, en homenaje a su segundo triunfo en Flushing Meadows.

El siguiente paso llegó en París. Después de proclamarse campeón de Roland Garros, Alcaraz optó por una imagen inconfundible de la capital francesa. La silueta de la Torre Eiffel, acompañada de la fecha 09-06-2024, quedó fijada en su pierna izquierda, por encima del tobillo, ampliando el repertorio de recuerdos en sus extremidades inferiores.

En Londres, la tradición cambió de estilo, pero no de intención. Con su éxito en Wimbledon, el murciano se tatuó una fresa con la fecha 16-07-2023 en el tobillo derecho, un detalle que hace referencia directa a uno de los símbolos más asociados al torneo británico, donde las fresas con nata forman parte del paisaje casi tanto como la hierba de la Central.

Con el título en Australia ya inmortalizado como canguro, los cuatro Grand Slams están representados en su cuerpo: las referencias a Estados Unidos, Francia, Reino Unido y ahora Australia dibujan la geografía de una carrera que, pese a su juventud, ya ha dejado huella en todos los grandes escenarios del tenis mundial.

Las tres C: el consejo del abuelo que también va tatuado

No todos los tatuajes de Alcaraz hablan de trofeos. Uno de los más especiales es el que rinde homenaje al lema de su abuelo paterno, una frase sencilla pero contundente que le ha acompañado desde niño: “cabeza, corazón y cojones”.

Ese mensaje aparece condensado en tres letras C tatuadas en su antebrazo izquierdo, un recordatorio permanente de la forma en la que debe afrontar tanto los partidos como su vida personal. Antes incluso de acumular Grand Slams, el murciano ya tenía claro que quería grabar esa idea en su piel.

Para él, este tatuaje funciona casi como un ancla emocional. Mientras otros diseños conectan con momentos concretos de éxito, las tres C actúan como una brújula que le orienta cuando las cosas se ponen cuesta arriba. Es, en cierto modo, el fundamento sobre el que se sostienen el resto de símbolos.

La combinación de este lema familiar con los iconos de cada torneo crea una narrativa muy particular: la ambición deportiva va de la mano de las raíces y los valores que le inculcó su entorno más cercano, algo que el propio jugador suele recordar cuando habla de su familia y de sus orígenes en El Palmar.

Tradición de tinta tras cada gran conquista

Con el paso de los años, lo que comenzó como un gesto aislado se ha convertido en una auténtica tradición personal: cada gran título deja un nuevo tatuaje. Wimbledon, Roland Garros, el US Open y ahora el Abierto de Australia forman una especie de colección cronológica en su cuerpo.

Tras su éxito en Londres, Alcaraz ya explicó que le gustaba la idea de asociar cada Grand Slam a un símbolo reconocible. Primero fue la fresa de Wimbledon, luego la Torre Eiffel por París, más tarde la Estatua de la Libertad y el puente de Brooklyn por Nueva York y, finalmente, el canguro por Australia. Cada uno de esos dibujos es una marca que va más allá del simple palmarés.

Esta costumbre se ha ido asentando hasta el punto de que los aficionados esperan casi con la misma curiosidad el diseño del nuevo tatuaje como el propio resultado deportivo. Tras cada gran triunfo, las redes se llenan de preguntas sobre cómo lo plasmará en su piel y qué icono elegirá para la siguiente cita histórica.

El propio jugador alimenta ese interés al compartir, de vez en cuando, imágenes del proceso en sus redes sociales, mostrando la camilla, las plantillas y el trabajo de Ganga. Sin entrar en grandes espectáculos, esta manera de enseñar los tatuajes refuerza la sensación de cercanía con sus seguidores.

Un número uno con margen para más tatuajes

A sus 22 años, Carlos Alcaraz ya ha conquistado los cuatro grandes y ha levantado trofeos de peso en todas las superficies, pero su cuerpo aún tiene espacio de sobra para seguir añadiendo tinta. Él mismo ha bromeado con esa idea, admitiendo que especialmente la parte derecha de su anatomía está bastante liberada.

En el horizonte aparece un objetivo que le hace especial ilusión: ganar la Copa Davis con España. El murciano no esconde que levantar la Ensaladera de plata con el equipo nacional sería uno de los momentos más emotivos de su carrera y, de hecho, ya ha deslizado que ese título también tendría su reflejo en la piel.

En alguna entrevista ha llegado a decir que se tatuaría antes la Copa Davis que el Masters, una declaración que deja claro el peso que le da a la competición por países. En su cabeza, la posibilidad de tatuarse la mítica Ensaladera no es una simple ocurrencia, sino una meta más dentro de su calendario deportivo.

De momento, Alcaraz continúa completando temporadas al máximo nivel en el circuito ATP, compaginando los grandes torneos individuales con su compromiso con el equipo español cuando el calendario y el físico lo permiten. Cada nuevo reto abre la puerta, quién sabe, a otro diseño que se sume a su particular colección.

Con el canguro ya fijado en la pierna izquierda, Carlos Alcaraz consolida una manera muy suya de contar su carrera: cada título importante se convierte en un fragmento de tinta, cada fecha queda guardada en un rincón de su cuerpo y cada símbolo enlaza un lugar del mundo con un recuerdo concreto. Entre Grand Slams, lemas familiares y desafíos como la Copa Davis, su piel se ha transformado en un mapa vivo de logros y aspiraciones que crece al mismo ritmo que su palmarés.

tatuaje de canguro de Carlos Alcaraz tras el Abierto de Australia
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