¿De dónde vienen los prejuicios contra los tatuajes?

Por desgracia, los prejuicios contra los tatuajes son algo muy común. Si eres una persona tatuada, seguramente hayas escuchado cosas como: “¿Y qué harás cuando seas viejo y estés tatuado?” “Me parece bien que los demás estén tatuados, pero nunca se lo permitiría a mis hijos.” “Te va a costar conseguir trabajo con esos tatuajes.”

Naturalmente, a nadie le gusta sentir cosas así. Cansa oír cosas infundadas por gente que ni siquiera se molesta en pensar en lo que dice. Pero, ¿alguna vez te has preguntado de dónde vienen estos prejuicios?

Una breve explicación sobre los prejuicios

Los prejuicios, como su nombre indica, son historias mentales que se monta la gente sin pararse a pensar en lo que dicen. Dan por supuesto hechos sin fundamento, sin pararse a pensar en contrastar los hechos, porque el ser humano es vago por naturaleza, y bastante reacio a cualquier cosa que se mueva fuera de su área conocida (o ‘zona de confort’, como prefieras).

Los tatuajes, como todo aquello que es “diferente”, son especialmente propensos a ser juzgados, incluso por gente que no se ha molestado en informarse antes de decir nada.

El origen de los prejuicios contra los tatuajes

El origen de los prejuicios contra los tatuajes data de los tiempos en que el capitán Cook viajó a ciertas islas polinesias donde vio a ciertos nativos adornarse el cuerpo con tinta. Fue entonces, al volver a Europa, que nacieron los prejuicios contra la gente tatuada. Hasta aquel entonces, los europeos tatuados eran muy poquitos, por ejemplo, los cristianos acostumbraban a tatuarse un pez, pero poca cosa más.

Por suerte, las cosas parecen que están cambiando. Tatuarse cada vez es más común y los prejuicios contra los tatuajes poco a poco están desapareciendo. De hecho, la tatuadora que me hizo mi último tatuaje me contó que tenia muchos clientes mayores, incluida una señora que se había tatuado el nombre de sus nietos en el pecho. Uno al lado del otro, para que no hubiera peleas.


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Tatuajes

Licenciada en Traducción e Interpretación, traductora y redactora freelance. Me encanta leer, los gatos y los videojuegos. La primera vez que me tatué, no fui capaz de mirar. La última vez, me quedé dormida en la camilla.

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