El tatuaje de San Lorenzo de Adam Bareiro antes de un clásico especial

  • El delantero Adam Bareiro lleva un tatuaje de San Lorenzo en la pierna izquierda que marcó su vínculo con el club azulgrana.
  • El diseño original, con el número 11, el escudo y un cuervo, fue luego modificado y el número se cubrió con tinta negra.
  • Su pasado en el Ciclón incluye 40 goles en 120 partidos, la capitanía y una relación muy estrecha con la afición.
  • El tatuaje y su historia vuelven a cobrar relevancia ahora que Bareiro afronta el clásico Boca-San Lorenzo como referencia ofensiva xeneize.

tatuaje de San Lorenzo en la pierna

La historia de Adam Bareiro y su tatuaje de San Lorenzo se ha convertido en uno de los detalles más curiosos y comentados en la previa del próximo Boca-San Lorenzo. Más allá de las alineaciones o los sistemas tácticos, la atención también se posa en la pierna izquierda del delantero paraguayo, donde un diseño de tinta revela un pasado que sigue muy presente.

En un fútbol donde los cambios de camiseta son habituales, que un jugador mantenga en su piel un tatuaje tan ligado a un club en el que ya no juega da bastante que hablar. El caso de Bareiro, que hoy viste la camiseta de Boca, ilustra muy bien cómo un símbolo puede condensar años de carrera, goles, cariño de la afición y también decisiones difíciles fuera del césped.

Cómo nació el tatuaje de San Lorenzo en la pierna de Bareiro

El tatuaje que hoy se asoma por el pantalón corto de Bareiro no es un simple adorno: fue realizado cuando el delantero vivía sus últimos meses en San Lorenzo, en un contexto en el que su identificación con el club de Boedo estaba en su punto más alto. No fue una ocurrencia pasajera, sino una manera de fijar en la piel una etapa que él mismo consideraba especial.

En el diseño original podía verse con claridad el número 11 que utilizaba en la espalda, con el escudo del Ciclón incrustado en el interior del número y, justo por encima, la figura de un cuervo apoyado sobre el once, un guiño directo al apodo y al imaginario azulgrana. Todo el conjunto componía un auténtico “sello sanlorencista” en la pierna izquierda del ariete.

El tatuaje saltó a la luz cuando su pareja, Tamara Rojas, compartió una fotografía en redes sociales en la que se veía el dibujo completo y escribió un texto corto pero elocuente: “El cuervo fan”. A partir de ahí, el tatuaje dejó de ser algo íntimo para convertirse en tema de conversación entre hinchas y medios.

En aquel momento, dentro de Boedo se utilizó ese tatuaje como prueba de fidelidad de Bareiro hacia San Lorenzo. Incluso se llegó a comentar puertas adentro que un jugador que se graba el escudo y el número en la piel difícilmente se iría del club por la cláusula de rescisión, algo que, con el tiempo, la realidad terminó desmintiendo.

Un símbolo de un ciclo exitoso en el Ciclón

El dibujo en la pierna no era casualidad: resumía un ciclo en el que Bareiro se ganó un lugar importante en la historia reciente de San Lorenzo. Entre 2019 y 2024 pasó por dos etapas en el club, acumulando 120 encuentros oficiales y alcanzando la cifra de 40 goles, números que lo colocaron como una de las referencias ofensivas del equipo en esos años.

Además de los tantos, el paraguayo terminó luciendo la cinta de capitán y se ganó una relación muy cercana con la hinchada, que veía en él a un futbolista combativo, intenso y comprometido. En ese contexto, el tatuaje con el cuervo y el 11 en azul y rojo funcionó casi como un gesto de agradecimiento y pertenencia hacia un club en el que había encontrado su mejor versión.

La presencia del tatuaje fue incluso utilizada como argumento por voces autorizadas del club para remarcar lo vinculado que estaba el delantero con San Lorenzo. El ex futbolista y entonces mánager de la institución, Néstor Ortigoza, llegó a comentar públicamente que no sería nada sencillo que algún otro grande se lo llevara, porque hacía apenas unos días se había tatuado un motivo claramente sanlorencista.

Durante ese periodo en Boedo, Bareiro también dejó su huella en los clásicos: llegó a marcarle varios goles a Boca, incluida una diana de penal en La Bombonera, algo que los hinchas del Ciclón no olvidan y que añade un capítulo especial a la historia que hoy rodea al tatuaje cuando el delantero regresa a ese mismo escenario con otra camiseta.

La salida de San Lorenzo, la deuda y el paso por River

Pese a ese vínculo tan fuerte, el desenlace de su etapa en el Nuevo Gasómetro no fue sencillo. Con el tiempo, la situación económica del club derivó en una deuda salarial de alrededor de ocho meses con el futbolista, un escenario que terminó pesando a la hora de definir su futuro.

A mediados de 2024, Bareiro decidió ejecutar la cláusula de rescisión y aceptó la propuesta de River Plate, en un contexto en el que Boca también había mostrado interés en hacerse con sus servicios. Ese movimiento encendió el debate entre los aficionados azulgranas, algunos de los cuales se sintieron decepcionados, en parte por la carga simbólica del tatuaje que lo unía al club.

En el momento de su despedida, el delantero quiso remarcar que su decisión no tenía que ver con la gente ni con la identidad que había construido en Boedo. Llegó a decir que, si por la afición fuese, se quedaría “para siempre” y que se consideraba el jugador que era gracias a San Lorenzo, dejando claro el peso que había tenido el club en su carrera profesional.

Su paso por el conjunto de Núñez, sin embargo, fue breve y sin demasiada fortuna en el aspecto goleador. Apenas disputó seis meses con la camiseta de River y no consiguió marcar, aunque sí llegó a enfrentarse una vez a su ex equipo en un empate 1-1 en el que ingresó desde el banquillo para disputar unos diez minutos, sin lograr alterar el resultado.

El cambio de tinta: del escudo a un número 11 en negro

Con el tiempo, la historia del tatuaje también fue cambiando. Lo que empezó siendo un símbolo nítido de su etapa en Boedo fue transformándose poco a poco hasta llegar a su estado actual. A comienzos de 2025, cuando ya transitaba la parte final de su experiencia en River y se preparaba para una nueva aventura en el extranjero, el delantero decidió modificar el diseño del tatuaje de San Lorenzo.

La intervención consistió, básicamente, en cubrir con tinta negra el interior del número 11, de manera que el escudo azulgrana dejó de ser visible. Así, el once pasó a mostrarse completamente ennegrecido, perdiendo el detalle del emblema del club dentro de la cifra. Sobre el número sigue apreciándose el cuervo, que se mantiene como único guiño directo a su etapa en Boedo.

Alrededor del tatuaje original, Bareiro fue incorporando otros motivos en la pierna izquierda, de modo que el diseño sanlorencista quedó algo más integrado en un conjunto de nuevas piezas. Aun así, sigue siendo reconocible para quien conoce la historia: se aprecia con claridad el 11 sombreado y la silueta del ave, recordando que, más allá de los cambios de equipo, esa parte de su carrera quedó marcada en su piel.

El propio delantero ha insistido en que esta decisión de tapar los colores del escudo tuvo más que ver con un cambio personal y con el cierre de una etapa profesional que con su llegada a Boca en sí. La modificación, según se ha explicado, se produjo antes de su fichaje por el club de la Ribera, aprovechando el tramo final de su estancia en River y los preparativos de su salida hacia el fútbol qatarí.

Del gol en Boedo al rol protagonista en Boca

Tras su paso por Núñez y la posterior experiencia en el exterior, Bareiro acabó recalando en Boca Juniors, donde se ha instalado como una de las referencias ofensivas del equipo. Su arranque en el Xeneize estuvo acompañado de buenas actuaciones y goles en sus primeras presentaciones, algo que le permitió ganarse rápidamente un sitio en el once inicial.

En su debut oficial con la camiseta azul y oro, correspondiente a la Copa Argentina frente a Gimnasia de Chivilcoy, el delantero respondió con tantos y presencia constante en el área rival. Después llegaron otros encuentros, como los compromisos ante Gimnasia de Mendoza y Lanús, en los que, aunque no siempre pudo convertir o le anularon algún gol, se mantuvo como una pieza fija en el frente de ataque.

Con 29 años y un recorrido importante en el fútbol sudamericano, Bareiro se presenta ahora como titular para afrontar su cuarto partido consecutivo en Boca, justo cuando el calendario pone en el horizonte un nuevo cruce contra el club al que lleva tatuado, tanto en la pierna como en la memoria. El clásico ante San Lorenzo en La Bombonera adquiere, así, un matiz sentimental especial para él.

Más allá del aspecto emocional, su trayectoria demuestra que ha sabido dejar huella en casi todos los equipos por los que ha pasado. En San Lorenzo, sus 40 goles en 120 partidos, la cinta de capitán y sus actuaciones en clásicos lo colocan como una figura relevante dentro de la última década. Ahora, en Boca, busca consolidarse como el referente de área en una etapa que podría añadir nuevas páginas a su particular historia con el fútbol argentino.

Un tatuaje que acompaña un partido cargado de historia

El próximo cara a cara entre Boca y San Lorenzo, previsto en La Bombonera dentro del calendario del Torneo Apertura, llega con múltiples ingredientes deportivos: necesidad de puntos, lucha por los primeros puestos y el condimento eterno de un clásico con mucha historia, en el que el Xeneize arrastra un historial algo adverso frente al conjunto de Boedo.

En ese contexto, la figura de Bareiro se coloca en primer plano no solo por su rol como delantero titular, sino también por todo lo que arrastra de su pasado como futbolista azulgrana. Se trata del club en el que más partidos disputó como profesional, donde alcanzó uno de sus techos de rendimiento y al que ya se ha enfrentado con otras camisetas, como la de River, aunque entonces con un protagonismo menor.

Para el paraguayo, medirse de nuevo a San Lorenzo con la camiseta de Boca supone un escenario cargado de matices: tendrá enfrente al club donde se convirtió en capitán, marcó goles decisivos y forjó una conexión especial con la afición, mientras en su pierna izquierda todavía se intuye aquel tatuaje que hace unos años se tomó como símbolo de compromiso eterno.

El duelo en el Alberto J. Armando, además, estará rodeado de una gran expectación mediática. Más allá de la mirada táctica sobre el funcionamiento del equipo, no faltarán las cámaras y los objetivos apuntando al tatuaje de San Lorenzo que asoma bajo la ropa de juego, un detalle que, por sí solo, resume buena parte de la particular historia que une al delantero con ambos clubes.

Con las luces del estadio encendidas, la televisión siguiendo cada paso y la grada pendiente de lo que haga el nueve, ese dibujo en la piel se convierte casi en un personaje más del partido. Representa promesas, goles, despedidas, cambios de equipo y la manera en que el fútbol, a través de un simple tatuaje, puede dejar marcas que no desaparecen por completo, por mucho que se cubran de tinta negra.

Al final, la trayectoria de Adam Bareiro demuestra que un tatuaje de San Lorenzo puede seguir contando historias incluso cuando el jugador ya no viste los colores azulgranas. Entre recuerdos de Boedo, modificaciones en el diseño y nuevos retos en Boca, ese cuervo y ese número 11 ennegrecido siguen siendo testigos silenciosos de una carrera en la que los vínculos emocionales con los clubes pesan casi tanto como los goles.

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