La cantante canadiense compartió recientemente una selfie en la que deja ver su primer tatuaje facial, un gesto que ha encendido el debate en redes por su diseño discretísimo y su intención estética. No es la primera vez que Grimes experimenta con la tinta en la cara, pero esta vez lo hace en el rostro y con una propuesta que, según sus propias palabras, busca innovar sin estridencias.
El tatuaje también aparece en el videoclip de Artificial Angels, publicado a mediados de octubre, reforzando que se trata de una pieza pensada para convivir con su nueva etapa artística. La autora ha explicado que llevaba una década preparándose emocionalmente para dar este paso, algo que ya dejó caer cuando preguntó en 2022 a sus seguidores si debía hacerse un diseño en tinta blanca en la cara.
Cómo es el diseño y dónde se aprecia mejor
La pieza es un círculo sutil que rodea el ojo izquierdo y cruza sien y ceja, con una apariencia intencional de cicatriz muy leve. La tinta, de acabado delicado y apenas perceptible en ciertas luces, ha provocado que muchos usuarios no lo detectasen a primera vista.
En sus publicaciones, la artista ha bromeado con esa extrema sutileza: aseguró que incluso personas cercanas no lo notaron, ni siquiera después de ver el vídeo. En cualquier caso, el diseño encaja con su interés por una estética futurista sin renunciar a un simbolismo más clásico.

Quién está detrás: el auge del cibersigilismo
El tatuaje lo firma Glyphomancer, un artista asociado al llamado cibersigilismo, corriente que mezcla símbolos de raíz antigua con una estética futurista. Grimes ha elogiado su trabajo por la combinación de belleza, precisión e innovación, subrayando que, a su juicio, el tatuador está abriendo camino, sobre todo en intervenciones faciales.
La autora considera que los tatuajes viven un renacimiento poco reconocido, y enmarcó su decisión en esa ola creativa: piezas que dialogan con el presente digital pero recuperan códigos simbólicos de otras épocas.
Reacciones: entre la admiración y la confusión
La respuesta del público ha sido muy polarizada. Entre los aplausos, abundan quienes valoran la delicadeza y el buen gusto del trazo, y quienes creen que el círculo le sienta especialmente bien por su encaje con su imagen artística.
En el lado crítico, varios comentarios compararon el dibujo con una tiña o una marca, o señalaron que parecía más una cicatriz que un tatuaje. Otros, directamente, admitieron que no conseguían verlo y bromeaban con que «el tatuaje no estaba».
Pese a las bromas, también hubo defensas cerradas del enfoque minimalista, recordando que la sutileza puede ser una declaración estética por sí misma y que encaja con una etapa de Grimes orientada a lo conceptual.
Lo que dice Grimes sobre su decisión
Grimes sostiene que no es un gesto impulsivo: ha sido el resultado de diez años dándole vueltas al tema y analizando cómo se sentía con la idea de llevar tinta en el rostro. En su entorno digital ya tanteó la opción en 2022, cuando pidió opiniones sobre un posible tatuaje facial en tinta blanca.
Hoy, con el diseño ya visible, lo ha calificado como su tatuaje favorito. También ha reiterado su admiración por el trabajo del artista y la evolución del cibersigilismo, al que ve como un campo con margen para la experimentación sin renunciar a la elegancia.
Un debate que también resuena en España y Europa
El gesto ha generado conversación en comunidades europeas de tatuaje, donde el interés por propuestas experimentales y minimalistas convive con sensibilidades más tradicionales. En España, la discusión en redes ha replicado la división internacional: desde quienes celebran la limpieza del trazo hasta quienes preferirían un motivo más evidente.
Más allá del gusto personal, el caso pone sobre la mesa cómo los tatuajes faciales ganan presencia en la cultura pop, al tiempo que mantienen una carga simbólica y social distinta a la de otras partes del cuerpo.
La aparición del tatuaje de Grimes —visible en su selfie y en el vídeo de Artificial Angels— ha reavivado el interés por el cibersigilismo y ha encendido un debate estético: un círculo finísimo que unos ven como delicadeza y otros como un gesto imperceptible, pero que, en cualquier caso, está cumpliendo su propósito de innovar y generar conversación.