Los piercings que más problemas pueden dar durante el verano

  • El verano aumenta el riesgo de infección e irritación en piercings por sol, sudor, arena, sal y cloro.
  • Los piercings en cartílago, ombligo y zonas húmedas son los que más complicaciones presentan.
  • Evitar baños al inicio, no manipular la joya y limpiar solo con suero fisiológico es clave.
  • Elegir un estudio profesional y materiales de calidad reduce de forma notable los riesgos.

piercing en el labio y el calor

Los días largos, la playa, la piscina, los festivales, las terrazas hasta tarde… El verano invita a enseñarlo todo: más piel, más joyas y, cómo no, más piercings. Justo por eso, muchísima gente se plantea hacerse un nuevo agujero cuando llegan las vacaciones. El problema es que esa decisión tan aparentemente inocente puede complicarse más de lo que imaginamos si no se toman unas mínimas precauciones.

Un piercing no deja de ser una herida abierta durante semanas o meses, que convive con sudor, arena, salitre, cloro, roce de la ropa y sol a pleno rendimiento. Y no todos los piercings se comportan igual ni tienen el mismo riesgo. Hay zonas del cuerpo que en verano son un verdadero campo de minas: mayor exposición a bacterias, más humedad, contacto constante con agua o con superficies poco higiénicas… Aquí vas a encontrar una guía muy completa sobre los piercings que más problemas pueden dar durante el verano, qué riesgos conllevan y cómo reducirlos al máximo si decides hacértelo igualmente.

¿Es buena idea hacerse un piercing en verano?

Cuidados de piercings en verano

La mayoría de expertos coinciden en que el verano no es el momento ideal para estrenar piercing. No es que esté totalmente prohibido, pero sí está claro que las condiciones son peores que en invierno: sudas más, hay más humedad, te bañas con frecuencia, pasas más tiempo al aire libre y al sol.

Todo eso complica que la herida se mantenga limpia y tranquila. El contacto con agua de mar, cloro de piscina, arena y sudor aumenta el riesgo de infección y retrasa la cicatrización. Además, la exposición solar puede provocar manchas alrededor del piercing o una hiperpigmentación de la cicatriz, especialmente en pieles sensibles.

Otro punto clave es el tiempo: un piercing, dependiendo de la zona, tarda desde unas pocas semanas hasta muchos meses en cicatrizar del todo. Un simple agujero en el lóbulo no tiene nada que ver con un piercing en cartílago (como el hélix) o en mucosas (lengua, genitales). Cuanto más largo y complejo sea el proceso de curación, más papeletas tiene de dar guerra durante los meses de calor.

Eso no significa que no puedas hacerte un piercing en verano, pero sí que conviene valorar si realmente puedes adaptarte a las recomendaciones: evitar bañarte durante al menos las dos primeras semanas (idealmente hasta un mes), cuidar la higiene a rajatabla, reducir el tiempo de exposición al sol y prescindir de ropa que roce la zona.

Hay situaciones en las que lo sensato es esperar. Si por ejemplo tienes ya reservadas unas vacaciones de playa donde piensas pasar horas en el agua o practicando deportes acuáticos intensos, lo mejor es disfrutar primero del verano y dejar el piercing para la vuelta. Si en cambio no vas a bañarte, ni a hacer deporte de contacto y puedes mimar bien la zona, se puede plantear hacerlo, sobre todo si es un piercing de riesgo moderado.

Cómo influye la zona del cuerpo en los riesgos de verano

No todos los piercings se comportan igual. La localización marca en gran medida el tipo de problemas que pueden aparecer, el tiempo de curación y las precauciones que tendrás que tomar en verano. Hay tres factores que influyen especialmente: presencia de cartílago, humedad de la zona y roce.

Los piercings que atraviesan cartílago (como el hélix, el tragus o la aleta nasal) suelen cicatrizar más despacio y con más tendencia a inflamarse. Los que se hacen en zonas húmedas (lengua, labios, genitales) tienen más riesgo de infección porque están en contacto continuo con saliva o fluidos, y cualquier herida en estas áreas es más delicada.

Por último, las zonas sometidas a un roce constante con ropa o accesorios (ombligo, pezones, ciertos piercings faciales) también pueden complicarse con facilidad. El contacto continuo provoca microtraumatismos repetidos que retrasan la cicatrización, favorecen la irritación y, en verano, se suman al efecto del sudor, la sal y el cloro.

Además de la zona, hay que tener en cuenta la calidad del trabajo y de la joya inicial. Un piercing hecho en condiciones óptimas, con materiales de buena calidad como titanio, acero quirúrgico adecuado o oro de 14-18 quilates, suele curar mejor que uno realizado con materiales dudosos o en un entorno poco higiénico.

Por eso es tan importante huir de estudios improvisados en ferias, bares, playas o tiendas no especializadas, y apostar por un estudio profesional que cumpla con todos los requisitos higiénico-sanitarios y te informe con detalle de los cuidados posteriores.

Los piercings que más problemas dan en verano

Aunque cualquier piercing puede dar guerra si no se cuida bien, hay algunos que en verano tienden a ser especialmente conflictivos. Esto puede deberse a su localización, al tipo de tejido que atraviesan o a cómo interactúan con el agua y la ropa en esta época del año.

A continuación repasamos los grupos de piercings que acumulan más incidencias durante los meses de calor, qué riesgos concretos implican y qué deberías tener muy en cuenta antes de hacértelos si estás en plena temporada estival.

Piercings en la oreja: hélix, cartílago y lóbulo

Los piercings de oreja son de los más populares y, a la vez, de los más subestimados. Mucha gente cree que «es solo un pendiente más», pero un piercing en cartílago (como el hélix) no tiene nada que ver con un agujero en el lóbulo clásico.

El hélix, el tragus, el rook o cualquier perforación en cartílago tienen un tiempo de curación largo, que puede acercarse al año completo. Durante todo ese periodo la zona puede inflamarse, enrojecerse o infectarse con relativa facilidad. En verano, el riesgo aumenta porque muchas personas siguen bañándose con normalidad, se exponen al sol y sudan más.

Sumergir un piercing de cartílago recién hecho en agua de mar o piscina cargada de cloro es abrir la puerta a bacterias que pueden colonizar la herida. Aunque el agua de mar tenga sal, no es ni mucho menos tan limpia como una solución salina estéril. En el caso de la piscina, el cloro es un agente químico que puede irritar y retrasar la cicatrización, además de inflamar más la zona.

Los pendientes de lóbulo también pueden verse afectados, pero su curación suele ser más rápida y sencilla. Aun así, un lóbulo recién perforado y expuesto a la arena, al sudor o a manos sucias que lo tocan una y otra vez puede infectarse. Por eso es fundamental no manipular el pendiente continuamente, aunque haya quien aún crea que “hay que darle vueltas para que no se pegue”, algo que hoy se sabe que no es recomendable.

En los primeros días y semanas, conviene evitar dormir sobre el lado del nuevo piercing, tanto si es de lóbulo como de cartílago, para no someterlo a presión constante. Esto, sumado a una buena higiene, reduce mucho las probabilidades de inflamación intensa y molestias persistentes.

Piercing en el ombligo: uno de los más delicados en verano

piercing y el calor

El piercing en el ombligo vive un verdadero boom cuando se acerca el verano, porque se luce con bikinis, tops cortos y pantalones de tiro bajo. Precisamente por esa exposición constante a sol, arena, sudor y roce con la ropa, se considera uno de los más problemáticos en esta época.

La zona del ombligo suele estar cubierta por prendas que, en verano, pueden ir ajustadas o ser de tejidos sintéticos poco transpirables. Los pantalones de cintura alta, los bañadores demasiado ceñidos o ciertas gomas elásticas pueden estar rozando continuamente la perforación. Esto favorece la irritación, la inflamación y, si se suma a una higiene deficiente, la infección.

Además, el ombligo es una cavidad que puede acumular suciedad y sudor con facilidad, sobre todo en climas muy calurosos y húmedos. Si se añade un piercing reciente, la zona se convierte en un punto sensible donde cualquier bacteria tiene más fácil encontrar entrada.

Si decides hacerte el piercing en el ombligo justo antes de las vacaciones, tendrás que asumir ciertas renuncias: no usar ropa muy ajustada, procurar que la parte de abajo del bikini o bañador no presione directamente la zona, evitar pantalones de tiro alto que hagan presión y mantener una higiene muy cuidadosa.

En general, se recomienda esperar un tiempo prudencial antes de bañarse en el mar o piscina con un piercing en el ombligo recién hecho, y extremar la limpieza con suero fisiológico tras cada baño, sobre todo si ha habido contacto con arena o agua dudosa.

Piercings en zonas húmedas: lengua, labios y genitales

Los piercings en zonas húmedas del cuerpo (lengua, labios, pene, escroto, clítoris, vulva…) son de los más delicados todo el año, pero el verano puede añadir dificultades extra. Estas áreas están en contacto permanente con saliva o fluidos corporales, y en muchas ocasiones participan en relaciones sexuales que pueden implicar fricción, golpes o pequeños traumatismos.

Un piercing en la lengua o en los labios, por ejemplo, puede provocar sangrados al realizarse y, posteriormente, golpear los dientes de manera repetida. Con el tiempo esto puede dañar el esmalte o incluso fracturar piezas dentales. Además, cualquier inflamación en estas zonas resulta especialmente molesta.

En el caso de los genitales, el riesgo de sangrado abundante al hacer el piercing es mayor, y durante la cicatrización pueden aparecer molestias importantes al mantener relaciones sexuales. Con el calor del verano y el aumento de sudor, la zona puede volverse aún más susceptible a irritaciones e infecciones.

Estos piercings requieren realizarse siempre en centros muy serios y especializados, con un estricto control de esterilización del material para evitar riesgos graves como hepatitis B, hepatitis C, VIH (sida), tétanos o incluso tuberculosis. Son perforaciones que no conviene trivializar, y menos aún hacerse en lugares improvisados o sin garantías.

Si además se combinan con otros factores de riesgo, como una higiene deficiente, piel con tendencia a alergias o un sistema inmunitario debilitado, las probabilidades de complicaciones se multiplican. En este tipo de piercings, el verano solo hace más evidente la necesidad de extremar los cuidados.

Piercings faciales y exposición al sol

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Los piercings en ceja, nariz, labio o zonas cercanas a los ojos también tienen particularidades en verano. Por un lado, son muy visibles y suelen estar expuestos directamente al sol. Por otro, si se hacen en determinadas zonas, pueden entrañar riesgos específicos.

Un ejemplo llamativo es el piercing en la ceja. Se han descrito casos de ptosis palpebral (caída o parálisis parcial del párpado) asociados a este tipo de perforación, debido al daño provocado en estructuras cercanas. Aunque no sea lo más frecuente, es un riesgo real que un profesional debería advertir antes de realizarlo.

La aleta de la nariz, un lugar muy demandado para piercings, tiene también un tiempo de cicatrización largo (de varios meses hasta acercarse al año) y un riesgo alto de infección, inflamación y secreciones. El verano, con el calor y el sudor, solo intensifica estas posibilidades.

Si a esto se añade la exposición intensa al sol sin una protección adecuada, pueden aparecer manchas oscuras alrededor del piercing o cambios de pigmentación en la cicatriz. No es recomendable aplicar crema solar o maquillaje directamente sobre la herida fresca, pero sí es importante proteger la piel de alrededor con filtros adecuados y evitar tomar el sol cuando el piercing aún está muy reciente.

Por otro lado, nunca se debería hacer un piercing facial en ferias, conciertos, mercadillos o eventos temporales donde no se pueda comprobar el cumplimiento de las medidas higiénico-sanitarias mínimas: local limpio, material estéril o desechable, uso de guantes nuevos, desinfección correcta de la piel y presencia de un diploma higiénico-sanitario visible del profesional.

Agua de mar, piscina y deportes acuáticos: qué debes saber

Uno de los puntos que más dudas genera es si se puede bañar en el mar o en la piscina después de hacerse un piercing. La recomendación general es clara: mejor evitarlo al menos durante las primeras dos semanas; muchos profesionales amplían ese margen hasta un mes, especialmente si el piercing está en cartílago o en zonas problemáticas.

El agua de mar, aunque contenga sal, no es lo mismo que una solución salina estéril. Es un medio donde viven muchas bacterias y microorganismos, y en playas concurridas la calidad del agua no siempre es la ideal. Si se sumerge un piercing recién hecho, se facilita que estos gérmenes entren en una herida que aún no ha cerrado.

El agua de piscina, por su parte, está cargada de cloro y otros productos químicos. El cloro es irritante para la piel y puede inflamar la zona perforada, retrasar la cicatrización e incluso favorecer que aparezcan granulaciones o molestias crónicas alrededor del agujero.

Si a pesar de todo te ves obligado a ir a la playa o piscina con un piercing muy reciente, algunos expertos sugieren cubrirlo con un apósito impermeable bien colocado para que el agua no entre en contacto directo con la herida. No es una protección perfecta, pero reduce la exposición. Eso sí, una vez terminado el baño, hay que retirar el apósito y limpiar la zona con suero fisiológico.

Los deportes acuáticos de impacto o velocidad (surf, kitesurf, wakeboard, buceo con equipo, etc.) suman un riesgo añadido: es relativamente fácil que te golpees con el material o que el piercing se enganche con algo. Si acabas de hacerte una perforación, lo más prudente es prescindir de este tipo de actividades hasta que la zona esté más estable y avanzada la curación.

Cuidados básicos para minimizar problemas en verano

Si decides seguir adelante y hacerte un piercing en pleno verano, la clave está en ser estricto con los cuidados posteriores. Son sencillos, pero marcarán la diferencia entre una cicatrización tranquila y un verano de visitas al médico.

La limpieza debe basarse en suero fisiológico, aplicado con una gasa limpia o estéril. No es necesario frotar la herida, basta con dar pequeños toques para arrastrar restos de secreción, sangre seca o suciedad. Después, es importante secar bien la zona, preferiblemente con papel o gasas, no con toallas reutilizables que puedan acumular gérmenes.

Evita tocar el piercing innecesariamente, incluso aunque te laves las manos. Cada vez que lo manipulas introduces bacterias y generas microtraumas. Tampoco es recomendable girar la joya o moverla: ese mito de que “hay que darle vueltas” solo boicotea la formación de tejido sano.

Durante las primeras semanas, intenta no dormir sobre el lado perforado, no te apoyes en almohadas o cascos que presionen la zona y reduce al mínimo los golpes involuntarios (por ejemplo, con gafas, cascos de moto o mascarillas que enganchen la joya, si la zona está cerca).

No apliques sobre el piercing nuevas cremas, maquillaje, protección solar directa, alcohol ni antisépticos agresivos salvo indicación médica concreta. Si tras el baño en mar o piscina notas la zona especialmente sucia o irritada, limpiala con suero fisiológico y, si lo ha indicado un profesional, puedes utilizar un antiséptico suave durante unos días. Si hay empeoramiento, lo adecuado es consultar con un médico.

Elegir bien el estudio, la joya y valorar tus factores de riesgo

Más allá de la época del año, hay decisiones que reducen drásticamente la probabilidad de problemas. La primera es elegir un estudio de piercing profesional y de confianza, huyendo de gangas turísticas o locales improvisados. El lugar donde te perforan debe ser limpio, la zona de trabajo debe estar separada del resto del establecimiento y el material ha de ser estéril o de un solo uso.

Un centro serio te mostrará que dispone de autoclave u otro sistema homologado de esterilización, utilizará agujas nuevas (no pistolas para cartílago ni zonas delicadas), el profesional llevará guantes quirúrgicos limpios que cambiará en cada procedimiento y desinfectará la piel antes de perforar.

Además, deben informarte claramente de los riesgos, de los cuidados posteriores y de las situaciones en las que no es recomendable realizar un piercing: piel muy sensible o con tendencia a alergias, dermatitis atópica activa, psoriasis, estados de inmunodepresión o ciertos tratamientos médicos. En menores de edad, es imprescindible la autorización paterna y nunca debería hacerse en ferias, bares o tiendas que no cumplan la normativa.

La joya inicial también importa. Los materiales como el titanio, el acero inoxidable adecuado para uso en piercing y el oro de 14-18 quilates son los más recomendados, ya que reducen el riesgo de alergias e infecciones. Es mejor evitar materiales que se corroen fácilmente con el agua, como algunas aleaciones de acero o la plata, sobre todo si vas a bañarte con frecuencia.

Finalmente, hay que ser realista: un piercing y un tatuaje son modificaciones que pueden quedarse contigo muchos años. Antes de lanzarte, pregúntate si seguirás cómodo con él en el futuro, ya que retirarlo o borrar un tatuaje no siempre deja la piel perfecta y suele ser caro y lento (por ejemplo, el láser en tatuajes, que no siempre elimina todos los colores sin dejar marca).

Tomar la decisión de perforar la piel en verano implica tener muy claro que pasarás un tiempo pendiente de higiene, roces, sol y agua. Con buena información, un estudio profesional, una joya adecuada y cuidados constantes, puedes disfrutar de tus piercings también en vacaciones sin que se conviertan en un quebradero de cabeza, pero conviene asumir que ciertas localizaciones —sobre todo cartílago, ombligo y zonas húmedas— tienden a dar bastante guerra cuando el calor aprieta.

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