Piercing Orbital: Guía Completa sobre Qué es y sus Diferencias

  • El piercing orbital se caracteriza por unir dos perforaciones independientes mediante una única joya circular.
  • A diferencia de otros piercings, no tiene una ubicación fija y puede aplicarse en diversas zonas del cartílago o el lóbulo.
  • Requiere de un profesional experto debido a que el proceso de curación es más complejo y el riesgo de complicaciones es mayor.

Piercing orbital en la oreja

Si estás buscando una manera de darle un giro a tu imagen y quieres algo que realmente rompa moldes, los piercings en las orejas son la opción ideal. No se trata solo de agujeros, sino de una herramienta de expresión personal e individualidad que permite jugar con la anatomía de la oreja para crear combinaciones que encajen con tu personalidad.

Entre la enorme variedad de perforaciones existen algunas que son tendencia absoluta, pero hay una que destaca por su originalidad y complejidad: el piercing orbital. Para quienes no están familiarizados, este estilo se aleja de lo convencional, ya que no se trata de un solo punto de perforación, sino de un diseño arquitectónico en la oreja que requiere precisión y paciencia.

¿Qué es exactamente un piercing orbital?

Cuando hablamos de un orbital, nos referimos a un sistema donde dos perforaciones adyacentes se conectan a través de una sola pieza de joyería. La magia de este piercing es que crea el efecto visual de un anillo que flota o que «orbita» alrededor de la zona, dándole un aspecto mucho más dinámico que los pendientes tradicionales.

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Una de las características más interesantes es que, técnicamente, no tiene una ubicación fija. Aunque lo más habitual es verlo en las orejas, se podría aplicar en cualquier parte del cuerpo siempre que la anatomía lo permita. Sin embargo, en el área auricular es donde más luce y donde existen más variantes.

Ejemplo de perforaciones orbitales

Variantes y ubicaciones más comunes

Dependiendo de dónde decidas colocarlo, el resultado y la experiencia serán muy distintos. Aquí tienes las opciones más habituales:

  • Orbital de Hélix: Se sitúa en la parte superior y exterior del cartílago. Consiste en dos agujeros pegados en el borde para que el aro abrace la curva de la oreja.
  • Orbital Conch: Se realiza en la parte central o concha. Es muy común que se hagan en la zona externa del cartílago para lograr un efecto envolvente.
  • Orbital de Lóbulo: Es la versión más sencilla. Se añaden dos perforaciones en la parte inferior de la oreja, ideal para quienes ya tienen los primeros agujeros y quieren subir de nivel.
  • Orbital Rook: Una opción mucho más atrevida que implica perforar el pliegue del cartílago superior, a veces conectándolo con un forward hélix para crear una especie de torre.

Es fundamental no confundirlo con un piercing conch estándar. Mientras que el conch normal solo requiere un agujero, el orbital necesita obligatoriamente dos puntos de entrada para que la joya pueda sostenerse en esa posición circular característica.

Diferencias con otros piercings de la oreja

Para entenderlo mejor, comparémoslo con otros clásicos. El piercing industrial, por ejemplo, también une dos puntos, pero lo hace con una barra recta y larga, mientras que el orbital usa un aro. Por otro lado, el piercing Daith es una perforación única en el pliegue interno, muy buscada por quienes sufren migrañas debido a su relación con ciertos puntos de acupuntura.

También tenemos el tragus y el anti-tragus, que son perforaciones aisladas en el cartílago que sobresale frente al canal auditivo o justo encima del lóbulo. A diferencia de estos, el orbital es considerado un piercing avanzado porque requiere que el perforador calcule exactamente la distancia entre los dos agujeros para que el aro no quede ni muy apretado ni muy suelto.

El proceso: dolor, tiempo de curación y riesgos

Si te preocupa el dolor, debes saber que es subjetivo. En el lóbulo es prácticamente insignificante (un 2 o 3 sobre 10), pero en el cartílago la sensación aumenta (un 4 o 5 sobre 10). Al ser dos perforaciones en lugar de una, la intensidad puede ser un poco mayor, aunque un profesional experimentado hará que el proceso sea rápido.

La cicatrización es el punto donde hay que tener más paciencia. Mientras que un lóbulo orbital puede estar listo en 6 o 10 semanas, las versiones en cartílago pueden tardar desde 6 meses hasta un año entero en curar completamente. Debido a que se manipulan dos heridas a la vez, el riesgo de infecciones o rechazo es ligeramente superior.

Por todo esto, es un error garrafal intentar hacérselo uno mismo o ir a sitios baratos. Se requiere un perforador acreditado que utilice agujas huecas y material esterilizado, ya que cualquier fallo en la angulación de los agujeros puede provocar que la joya se mueva y retrase la curación.

Joyas recomendadas y materiales seguros

No todas las joyas sirven para un orbital. Los aros de titanio de grado implante son la recomendación estrella por ser hipoalergénicos, ligeros y resistentes a la corrosión. Si buscas algo más sofisticado, el oro de 14 o 18 quilates es una opción elegante, aunque es un metal más blando que puede deformarse.

En cuanto a los estilos, los anillos con cuentas cautivas o los aros sin costura son los más seguros para evitar que la joya se enganche. Para quienes quieren variar una vez curado el piercing, existen las barras en forma de herradura o incluso delicadas cadenas que crean un efecto drapeado, aunque estas últimas solo se recomiendan cuando la zona ya ha cicatrizado totalmente.

Cuidados esenciales para evitar complicaciones

Para que todo salga bien, la limpieza debe ser sagrada. Lo ideal es usar solución salina esterilizada comprada en farmacia, evitando las mezclas caseras que pueden resultar demasiado agresivas para la piel. Se recomienda limpiar la zona dos o tres veces al día, usando bastoncillos para llegar a los rincones difíciles sin mover demasiado la joya.

Hay algunas reglas de oro que no puedes saltarte: no duermas sobre la oreja afectada, evita que el piercing se enganche con la ropa (usa prendas holgadas) y, sobre todo, no toques la zona con las manos sucias. El uso de ungüentos grasos está desaconsejado ya que impiden que la herida respire, lo que podría ralentizar la recuperación.


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