
La fiebre por el brillo extremo en el escote y los pómulos ha pasado de las pasarelas a la calle, y no hablamos solo de maquillaje con shimmer. Los piercings dermales y los cristales incrustados en la piel se han convertido en el nuevo fetiche de las celebrities para destacar cuello, clavículas, rostro y, sobre todo, el escote.
Esa pequeña luz que parece salir directamente de la piel no es casualidad: detrás hay una técnica de perforación específica, cuidados muy concretos y decisiones importantes sobre dónde colocarlos y qué tipo de piercing elegir.
Si estás pensando en sumarte a esta tendencia de microdermales, sternum y cristales en la piel, conviene que lo hagas con toda la información en la mano. No es lo mismo un piercing convencional que uno anclado bajo la piel, hay zonas del cuerpo que los profesionales desaconsejan totalmente y también existen alternativas menos invasivas pero igual de llamativas. Vamos a ver, paso a paso, qué son los dermales, cómo se colocan, qué riesgos tienen y por qué muchas personas acaban apostando por el piercing sternum para el escote.
¿Qué es un piercing dermal o microdermal?
Un piercing dermal, también conocido como microdermal o implante dérmico, es un tipo de joya que no atraviesa la piel de un lado a otro como un piercing normal, sino que se “ancla” en una sola superficie de la piel mediante una base que queda escondida bajo la dermis. Lo único que ves desde fuera es una pequeña pieza decorativa —un cristal, una bolita o una forma especial— que parece estar apoyada mágicamente sobre tu piel.
A diferencia de los piercings tradicionales en oreja, nariz o labio, en los dermales no hay dos orificios de salida. Se crea un pequeño bolsillo o canal bajo la piel, donde se introduce una placa o base, normalmente de titanio u otro material biocompatible. Esa base tiene orificios o perforaciones que facilitan que el tejido se adhiera a ella durante la cicatrización, haciendo que quede fijada en su sitio.
Este sistema permite colocar puntos brillantes en zonas del cuerpo donde un piercing convencional sería imposible o muy incómodo, de ahí que se hayan popularizado tanto en pómulos, escote y otras áreas planas. El resultado, cuando está bien hecho y bien curado, es muy llamativo y da ese efecto de “cristal flotante” que tanto se ve en las fotos de famosas e influencers.
Cómo se hace un piercing dermal paso a paso
El procedimiento de un microdermal es más elaborado que el de un pendiente clásico, y por eso dura aproximadamente unos 30 minutos, algo más de lo que suele tardar un piercing normal. Ese tiempo extra se debe a que el anillador tiene que preparar la zona, crear el espacio bajo la piel, colocar la base de forma precisa y asegurarse de que todo queda en la posición correcta.
En la mayoría de los casos no se utiliza anestesia local. Los profesionales coinciden en que no es necesaria para este tipo de perforación, aunque la sensación puede ser algo más intensa que la de un piercing simple. Lo habitual es notar una mezcla de presión y pinchazo concentrado, pero el proceso es muy rápido una vez se empieza la parte de perforación.
El primer paso siempre es una desinfección exhaustiva de la zona, limpiando la piel con productos antisépticos y marcando con un lápiz quirúrgico el punto exacto donde se va a colocar el dermal. Esta parte es clave para que luego el resultado quede simétrico y en armonía con el resto del rostro o el escote.
Después, el anillador realiza una pequeña apertura en la piel, que puede hacerse con aguja, punch (biopsia circular) o bisturí, según el criterio profesional y el diseño de la joya. Con esa microincisión se genera un espacio justo debajo de la dermis donde se inserta la base del dermal. Esa base queda totalmente oculta bajo la piel, mientras que la parte visible, la joya, asoma por el diminuto orificio de entrada.
Una vez colocada la base en su sitio, el piercer ajusta la pieza visible, que puede ser una pequeña gema brillante, un cristal o una bolita metálica. Aquí es donde empieza la magia estética: si se trata de pómulos o escote, se busca que el destello quede en un punto estratégicamente favorecedor, alineado con la forma del rostro o el canalillo.
Tras finalizar la colocación, es fundamental que el profesional se tome el tiempo de explicarte todos los cuidados posteriores y las fechas de revisión. Un buen estudio programará contigo una o varias citas de seguimiento para comprobar cómo evoluciona la cicatrización, ajustar la joya si hace falta y detectar a tiempo cualquier signo de rechazo o infección.
Zonas del cuerpo donde se puede (y no se debe) hacer un dermal
Los dermales se pueden colocar en muchas áreas del cuerpo, pero eso no significa que todas sean recomendables. Una de las zonas más populares es la cara: pómulos, sienes, cerca del ojo o incluso alrededor de la ceja, donde los cristales dan un efecto de maquillaje permanente muy llamativo. En el rostro, siempre que se haga con precisión y se respete la anatomía de cada persona, son bastante lucidos.
Además de la cara, algunas personas optan por colocar dermales en cuello, pecho, zona del escote o espalda alta. Esas áreas planas permiten jugar mucho con composiciones de varios puntos, imitando constelaciones, líneas que siguen la clavícula o detalles que enmarcan el canalillo cuando llevas un escote pronunciado.
Sin embargo, los profesionales serios advierten que hay zonas vetadas o muy desaconsejadas para los dermales, sobre todo por la cercanía con articulaciones y el roce constante. Entre esas áreas problemáticas destacan el escote más móvil, manos, piernas, parte alta del brazo, pies, muñecas o clavícula. En estas zonas, la piel se mueve mucho, hay fricción con ropa y accesorios y es más fácil que el dermal termine siendo expulsado o enganchándose.
En el caso concreto del escote y la zona cercana a la clavícula, el riesgo de golpes, tirones con el sujetador, tirantes o ropa ajustada es alto. Por eso muchos estudios prefieren ofrecer alternativas como el piercing sternum, del que hablaremos más adelante, ya que suele ser más estable y menos problemático a largo plazo.
La importancia de un buen profesional y el vínculo de confianza
Un dermal no es un piercing para improvisar ni para hacerse en cualquier sitio. Los propios estudios reconocen que es una técnica avanzada que requiere experiencia, conocimiento de la anatomía y mucha precisión manual. No es una perforación apta para piercers novatos ni para salones donde los piercings son un servicio secundario.
Los anilladores profesionales insisten en la necesidad de crear un vínculo de confianza con la persona antes de realizar el dermal. Esto significa que, antes de tumbarte en la camilla, el piercer debe haberte explicado con claridad el procedimiento, las posibles molestias, los riesgos de rechazo, los cuidados posteriores y las revisiones necesarias. Si notas que alguien quiere hacerlo todo deprisa y sin explicaciones, mala señal.
Tras la aplicación del dermal, un buen profesional no se limita a decir “ya está” y cobrarte, sino que se toma el tiempo de detallar paso a paso cómo cuidar la zona: cómo limpiarla, qué productos usar, qué gestos evitar, cuánto tardará en cicatrizar y qué signos deberían preocuparte. Además, te indicará fechas concretas para volver al estudio y revisar el proceso, algo esencial con este tipo de implantes dérmicos.
Eventos, estudios especializados y cultura del piercing
En los últimos años, algunas marcas de joyería y estudios de piercings han impulsado todavía más esta tendencia organizando eventos específicos dedicados al piercing. Un ejemplo son los meses temáticos, como el llamado “Piercing Month” que algunas firmas celebran en septiembre, donde sus equipos viajan por diferentes ciudades para ofrecer perforaciones siguiendo las últimas tendencias.
En este tipo de eventos, el equipo de piercers —a veces denominado piercing crew— se desplaza por distintos puntos de la geografía para acercar piercings de calidad profesional a quienes no pueden viajar a las grandes capitales. Es habitual que durante estas jornadas se ofrezca una selección de joyería especial, asesoramiento personalizado y la posibilidad de hacerse piercings en zonas menos habituales como microdermales o sternum.
Además, muchas marcas cuentan con estudios permanentes propios, a menudo bajo nombres como Wonderland, situados en ciudades como Madrid, Barcelona o incluso París. En estos espacios se trabaja con estándares de higiene altos, se ofrece cita previa y se cuida tanto la técnica como la estética de cada perforación, algo especialmente importante cuando hablamos de dermales y cristales visibles en el rostro o el escote.
Microdermal en el escote vs piercing sternum: ¿qué es mejor?
Cuando alguien quiere darle un toque de luz al canalillo o al centro del pecho, suele plantearse la duda de si apostar por un microdermal justo en el escote o por un piercing sternum. Aunque ambos dan un efecto muy llamativo y visualmente parecido, muchos estudios consideran que el sternum ofrece ciertas ventajas frente al dermal en esa zona concreta.
El piercing sternum se coloca en el centro del pecho, entre los pechos, siguiendo el hueso del esternón. Suelen ser piercings de superficie, realizados con una barra específica que atraviesa una pequeña porción de tejido a ras de piel. El resultado visual, sobre todo con joyas planas o con dos extremos brillantes, puede recordar mucho a tener uno o incluso dos microdermales, pero el sistema de sujeción es distinto.
Desde estudios especializados se señalan varias razones por las que, para el escote, el sternum suele ser más recomendable que un microdermal. No es que los dermales no se puedan hacer ahí, pero sí que la experiencia demuestra que la durabilidad, la facilidad de cuidado y el riesgo de expulsión son diferentes según el tipo de perforación elegida.
Ventajas del piercing sternum frente al microdermal en el escote
Una de las principales ventajas del sternum es que resulta menos invasivo que un microdermal. Aunque ambos procedimientos deben realizarlos profesionales con experiencia, el sternum suele implicar una perforación de superficie con barra, mientras que el microdermal requiere crear un bolsillo bajo la piel para alojar una base. Esto hace que, en general, el sternum tenga un proceso de cicatrización más rápido y, para muchas personas, algo menos doloroso.
Otra cuestión clave es que, aun siendo un piercing que tampoco se recomienda para principiantes que acaban de empezar en el mundo del anillado, el sternum es una técnica más habitual que el microdermal. Eso significa que hay más piercers familiarizados con su procedimiento, con sus complicaciones típicas y con los tiempos reales de cicatrización. Si en algún momento tienes un problema y tu anillador de confianza no está cerca, te será más sencillo encontrar otro profesional que sepa cómo manejar un sternum que un microdermal rebelde en pleno escote.
En cuanto a la duración, muchos estudios apuntan a que el sternum suele ser más estable y menos propenso a expulsarse que un dermal colocado en esa misma zona. Piensa que el escote es un área en la que hay mucho movimiento, cambios de postura, roces con sujetadores y tops, tirantes, collares… Todo ese trajín puede empujar al cuerpo a intentar sacar hacia fuera una base de dermal, mientras que una barra bien colocada en un piercing de superficie tiende a aguantar mejor el trote.
También es importante el tema del cuidado diario: el sternum se limpia como un piercing convencional de superficie, con sus lavados con suero fisiológico, secado cuidadoso y evitando golpes, pero sin necesidades muy especiales. El microdermal, en cambio, requiere atención más estricta al principio y suele ser más delicado respecto a enganches y golpes, algo que en el escote es fácil que ocurra con la ropa interior o con prendas ajustadas.
Por último, la cuestión de las infecciones y las complicaciones: al ser menos invasivo y más conocido por la mayoría de los piercers, el sternum suele presentar un proceso de cicatrización algo más sencillo. Eso no significa que esté exento de riesgos —ningún piercing lo está—, pero sí que, en manos expertas y con buenos cuidados, tiende a dar menos problemas que un dermal sometido a demasiada fricción.
Cuidados básicos de los dermales y de los piercings en el escote
Tanto si te decides por un microdermal en pómulos o cuello como si apuestas por un sternum brillante en el escote, los cuidados posteriores marcan la diferencia entre un resultado espectacular y un dolor de cabeza constante. El primer mandamiento es seguir al pie de la letra las indicaciones de tu piercer: cada estudio tiene sus protocolos, pero casi todos coinciden en varios puntos básicos.
Durante las primeras semanas hay que limpiar la zona con suero fisiológico o solución salina estéril una o dos veces al día, secando después con gasas desechables o toallitas que no dejen pelusa. No se recomienda usar alcohol, agua oxigenada ni productos demasiado agresivos, porque resecan en exceso y pueden irritar la piel alrededor de la joya.
Es crucial evitar manipular la joya con las manos sucias, girarla o jugar con ella, por mucha tentación que tengas. En el caso de los dermales, tirar o mover la pieza visible puede desestabilizar la base interna y favorecer que el cuerpo termine expulsándola. Con el sternum, manosear la barra o los extremos también empeora la cicatrización y aumenta el riesgo de infección.
En zonas como el escote, hay que poner especial atención a la ropa que roza con la perforación: sujetadores con varillas, encajes muy ásperos, tops muy ajustados o tejidos sintéticos que no dejan transpirar la piel. Lo ideal es optar al principio por prendas más suaves, sin costuras agresivas justo sobre el piercing, y evitar dormir boca abajo para no presionarlo.
Siguiendo las recomendaciones habituales, se aconseja también evitar piscinas, jacuzzis y aguas potencialmente sucias durante la fase inicial de curación. El cloro, los gérmenes y la humedad prolongada pueden colarse en la herida y complicar muchísimo el proceso. Si tienes dudas sobre cuándo puedes volver a la playa o a la piscina, o si sientes dolor en el piercing, lo mejor es consultarlo en las revisiones con el estudio.
Rechazo, expulsión y riesgos de los dermales
Uno de los grandes temas cuando se habla de microdermales es el riesgo de rechazo o expulsión por parte del cuerpo. Al final, no deja de ser una pieza extraña colocada bajo la piel, y el organismo puede intentar empujarla hacia fuera con el paso del tiempo. Esto es más probable en zonas de mucho movimiento, fricción o golpes frecuentes, como escote, manos o muñecas.
Los signos de que un dermal está empezando a ser expulsado incluyen enrojecimiento persistente, sensación de que la base se marca cada vez más bajo la piel, inclinación de la joya o que se vea más “fuera” que al principio. Si notas algo así, no intentes forzarlo, esconderlo ni arrancarlo en casa: lo responsable es acudir al estudio para que un profesional valore la situación.
Otro riesgo asociado es la infección local, que puede aparecer si no se siguen los cuidados de higiene o si la joya sufre muchos tirones. Enrojecimiento intenso, calor en la zona, dolor creciente, secreción con mal olor o fiebre son señales de alarma que no conviene ignorar. Ante la duda, visita a tu piercer y, si lo ve necesario, al médico. También hay que tener en cuenta los peligros de las gemas y cómo ciertas piezas pueden comportarse de forma imprevisible en contacto prolongado con la piel.
Escoger bien el lugar donde te lo haces, apostar por materiales de calidad como el titanio implant grade y respetar las visitas de revisión minimiza bastante estos riesgos. Aun así, hay que tener claro que los dermales, por muy bonitos que sean, no son perforaciones “de por vida”: con los años es frecuente que alguno acabe expulsándose y haya que asumirlo.
Cómo elegir entre dermal, cristales y sternum según tu estilo
Si lo que quieres es conseguir ese efecto de brillo extremo que se ve en el escote y los pómulos de las celebridades, tienes varias cartas sobre la mesa. Los dermales con cristales son perfectos para conseguir puntos de luz fijos en la cara, cerca del hueso del pómulo, en la sien o en la parte alta del pómulo, donde el maquillaje suele reflejar la luz. Ahí, el movimiento es menor que en el escote y el resultado suele ser muy agradecido visualmente.
Para el canalillo o el centro del pecho, muchos estudios recomiendan plantearse un piercing sternum con joyas planas o con cristales en los extremos, precisamente porque combina estética llamativa con una técnica algo más manejable. Puedes conseguir desde un solo punto brillante hasta el efecto de dos cristales que enmarcan el escote, jugando con barras curvas o piezas decorativas específicas.
Si no tienes experiencia previa con piercings o tu piel es especialmente sensible, es buena idea sentarte a hablar con tu piercer sobre antecedentes de cicatrices, alergias a metales y estilo de vida. Alguien que hace deporte de contacto, lleva mochilas pesadas a diario o usa uniformes muy rígidos quizá tenga que ser más prudente con la colocación de joyas en el pecho o la clavícula.
En cualquier caso, la clave está en no dejarte llevar solo por la foto de Instagram o por lo que ves en una alfombra roja. Un buen profesional te ayudará a adaptar las tendencias de dermales y cristales al contorno real de tu cuerpo, a tus hábitos diarios y a tu capacidad de compromiso con los cuidados que requieren. Solo así el brillo extremo en escote y pómulos será un placer y no un quebradero de cabeza.
Todo este boom de los microdermales, sternum y cristales en la piel demuestra que el piercing se ha convertido en algo más que un simple agujero para llevar un aro: ahora es una herramienta de diseño corporal que juega con la luz, el volumen y la anatomía. Con la información correcta, un estudio de confianza y expectativas realistas sobre la cicatrización y la durabilidad, es posible sumarse a la tendencia de las celebrities y lucir un escote o unos pómulos de impacto sin poner en juego tu salud ni tu comodidad.

