
Hacerse un tatuaje es una experiencia emocionante, pero es normal que los nervios traicionen y que, a mitad de la sesión, empieces a sentir que el mundo da vueltas. Muchas personas creen que el mareo es inevitable por el dolor, pero la realidad es que la alimentación y el estado físico previo juegan un papel determinante en cómo procesamos el proceso.
Si te vas a lanzar a por una pieza de gran tamaño, no basta con tener ganas; necesitas que tu cuerpo esté a tope. Para evitar esos típicos bajones que ocurren tras un par de horas de agujas, es vital organizar tu dieta y tus hábitos el día de la cita, asegurándote de que tu organismo tenga el combustible necesario para aguantar el tirón.
La alimentación clave para evitar desmayos

Lo primero y más básico es que no puedes presentarte en el estudio con el estómago vacío, ya que acudir en ayunas es la vía rápida para sufrir un mareo o un desmayo. Lo ideal es hacer una comida completa y nutritiva, pero hay un truco: no comas justo antes de entrar. Es recomendable dejar que pase un tiempo razonable para que la comida se asiente correctamente en tu sistema digestivo y no te sientas pesado.
Cuando la sesión es especialmente larga, como ocurre con las piezas grandes, es muy útil llevar algo para picar durante los descansos. Una barrita energética o un snack dulce pueden ser tus mejores aliados para recuperar glucosa rápidamente y evitar que la tensión te deje K.O.
Sustancias prohibidas y precauciones médicas
Hay cosas que, por mucho que tempten, están totalmente prohibidas. El alcohol es el enemigo número uno, ya que además de afectar a tu estado mental, actúa como un anticoagulante. Esto significa que sangrarás mucho más de lo normal, lo que puede dificultar el trabajo del artista y hacer que el resultado final del dibujo no sea el esperado.
Del mismo modo, debes tener mucho cuidado con los medicamentos. Evita tomar cualquier sustancia que licue la sangre, como es el caso de la aspirina y otros fármacos similares, ya que provocarán que la piel no reaccione bien a la tinta y la hemorragia sea mayor.
Preparación física y mental del cuerpo
El estado psicológico influye más de lo que pensamos. Si eres de los que se pone nervioso con facilidad, intenta relajarte antes de salir de casa, ya que el estrés puede amplificar el malestar físico y hacer que la experiencia sea mucho más agotadora de lo que debería ser.
Además, es fundamental que llegues a la cita plenamente descansado y muy hidratado. Beber agua durante el día previo y durante la sesión ayuda a que la piel esté más flexible y a que tu cuerpo gestione mejor el estrés del dolor. Si vas a pasar horas en una postura rebuscada, no olvides llevar ropa y calzado cómodos para que la incomodidad física no sume más tensión al proceso.
El estado de la piel antes de la aguja

No todo es comida; la superficie que se va a tatuar también debe estar a punto. Si notas que tienes la piel especialmente seca, te aconsejamos exfoliar e hidratar la zona unos días antes. Esto asegura que la tinta penetre de forma uniforme y que el acabado sea impecable.
Por otro lado, hay situaciones en las que es mejor frenar. Si tienes quemaduras solares, moratones o granitos en los tatuajes o en la piel del área elegida, lo más sensato es hablarlo con tu tatuador. En esos casos, lo más probable es que debas esperar a que la piel recupere su estado natural antes de proceder.
Planificación y cuidados posteriores
Para ir sobre seguro, lo ideal es haber pactado el diseño y la zona con el profesional previamente. Saber exactamente qué va a pasar te ayudará a prepararte mentalmente para el dolor, que varía enormemente dependiendo de dónde se coloque la pieza.
Ten en cuenta que el tatuaje no termina cuando sales del estudio. Debes organizar tu agenda sabiendo que estará expuesto a cuidados estrictos: nada de sol directo, prohibido bañarse en piscinas o playas durante la curación y mantener una higiene rigurosa. Planificar esto evitará que te metas en líos, especialmente si necesitas conocer los cuidados de los tatuajes en verano.
Para que todo salga perfecto, recuerda comer bien, hidratarte mucho, evitar el alcohol y los anticoagulantes, y llegar descansado y con ropa cómoda, asegurándote de que tu piel esté sana y tu mente tranquila para disfrutar al máximo de tu nueva pieza sin sufrir bajones ni mareos.

