Seguro que te suena de aquellas pelis de ciencia ficción donde los protagonistas llevan chips integrados para abrir puertas o controlar el mundo con un pensamiento. Pues mira, aunque nos parezca una movida distópica, la tecnología subcutánea ya es una realidad en varios rincones del planeta, especialmente en Suecia, donde miles de personas han decidido dar el paso y convertirse en auténticos cyborgs voluntarios.
No estamos hablando de los típicos relojes inteligentes o pulseras que te puedes quitar al llegar a casa, sino de dispositivos integrados permanentemente bajo la dermis. En España, aunque no haya una regulación concreta, hay gente que ya se ha lanzado a la piscina, y según algunas encuestas, una buena parte de la población estaría dispuesta a jubilar el smartphone si pudieran llevar sus funciones implantadas en la mano.
¿Qué narices son estos chips y cómo funcionan?

Básicamente, se trata de circuitos electrónicos diminutos, con el tamaño aproximado de un grano de arroz, que suelen colocarse en la zona entre el pulgar y el índice. Dependiendo del modelo, pueden usar tecnología de radiofrecuencia (RFID), muy parecida a la que se usa para identificar a las mascotas, o sistemas NFC (Near Field Communication), que es la misma tecnología que nos permite pagar con el móvil acercándolo al datáfono.
En cuanto a su utilidad, la cosa varía según el usuario. Hay quien los usa para sustituir las llaves de casa y no entrar en pánico si se las olvida, mientras que en empresas como la sueca Epicenter, los empleados los utilizan para pagar en máquinas de vending o usar la impresora de la oficina con un simple gesto. Incluso en el transporte público sueco, algunos pasajeros ya pagan sus billetes de tren acercando la mano al dispositivo del revisor.
Tatuajes electrónicos: el avance del CSIC

Pero ojo, que no todo son chips rígidos. El Instituto de Ciencia de Materiales de Madrid (ICMM-CSIC) ha dado un golpe sobre la mesa creando tatuajes electrónicos de bajo coste. A diferencia de los implantes, estos son ultrafinos y se adaptan a superficies curvas o blandas, como la piel o tejidos biológicos, utilizando un método basado en las calcomanías temporales que usábamos de niños.
- Materiales bidimensionales: Utilizan disulfuro de molibdeno para crear películas semiconductoras.
- Aplicaciones médicas: Son ideales para monitorizar la salud de pacientes en tiempo real sin molestar.
- Versatilidad total: Pueden funcionar sobre cuero sintético, hojas de plantas o piel humana.
Esta electrónica conformable permite fabricar fotodetectores y transistores que no pierden sus propiedades aunque la superficie se deforme, lo que abre la puerta a una interfaz biológica de alto rendimiento mucho más sencilla y barata de producir que los métodos tradicionales.
Los miedos: privacidad, salud y vigilancia

Claro que no todo es color de rosa y aquí es donde entra el debate ético. Mucha gente ve con malos ojos estas tecnologías por el miedo a una vigilancia gubernamental o empresarial.
Sin embargo, los expertos aclaran que los chips actuales de corto alcance (NFC) no pueden usarse para rastrear a alguien en tiempo real, ya que necesitan estar a menos de 5 centímetros del lector para emitir información.
Desde el punto de vista médico, el proceso de implantación suele ser indoloro, pero los profesionales advierten que no es ninguna buena idea intentar hacérselo uno mismo en el salón de casa.
El riesgo de infecciones o complicaciones es real, por lo que siempre debe ser realizado por personal sanitario cualificado. Además, existe el temor de que, si estos chips empiezan a almacenar datos biológicos sensibles, la seguridad de nuestra información quede comprometida.
Utilidad real frente a capricho tecnológico

Si lo analizamos fríamente, gran parte de lo que hace un chip hoy en día ya lo hace el móvil. No obstante, hay casos donde el implante cobra sentido, como en pacientes con trastornos del movimiento que no pueden manejar un dispositivo físico. También se han probado usos como el Verichip, que almacenaba información médica crítica para emergencias, facilitando la ayuda inmediata si el paciente estaba inconsciente.
Mientras que en Suecia o Japón la tendencia sigue creciendo, en el resto del mundo se ve todavía como un mercado en expansión que busca aplicaciones más útiles. La tecnología ha pasado de ser un sueño de cine a una herramienta que permite, por ejemplo, llevar un pasaporte sanitario digital bajo la piel para acreditar vacunas sin necesidad de papeles.
La integración de la electrónica en nuestro cuerpo está evolucionando desde implantes rígidos para conveniencia diaria hasta sensores ultrafinos para la medicina. Aunque la comodidad de no llevar llaves o tarjetas es tentadora, el camino hacia una sociedad de cyborgs todavía debe resolver dilemas importantes sobre la seguridad de los datos personales y la supervisión médica necesaria para evitar riesgos sanitarios.